Desensibilización sistemática y técnicas de relajación

 Desensibilización sistemática y técnicas de relajación 

La Desensibilización sistemática (DS) está especialmente dirigida al tratamiento de los miedos fóbicos, en aquellos casos en los que existe un estímulo condicionado de ansiedad, por esta razón se ha mostrado tan eficaz en el abordaje de las fobias específicas y aquellos problemas de ansiedad que se refieren a situaciones muy concretas, por ejemplo, el tratamiento del miedo a procedimientos dolorosos en niños.




La elección de la desensibilización sistemática como técnica de tratamiento deberá tener en cuenta las siguientes consideraciones: 

1.La DS es más eficaz en problemas fóbicos que en problemas de ansiedad generalizada, fobia social, agorafobia o trastorno obsesivo-compulsivo. En estos casos, la excesiva cantidad de miedos o preocupaciones, la falta de predictibilidad de la situación, la ausencia de recursos o habilidades personales, o la variabilidad del estímulo temido, hacen que este procedimiento no sea una opción adecuada. 

2.Los resultados de la DS serán más exitosos cuando el problema al que se aplique no se deba a un déficit de habilidades que esté siendo la causa del problema de ansiedad. Por ejemplo, no tendría mucho sentido poner en marcha una DS para abordar la ansiedad ante los exámenes en el caso de un alumno que no ha estudiado lo suficiente. 

3.Los problemas fóbicos a los que se aplique la DS no deben estar sustentados por las creencias del paciente, es decir, el individuo sabe que su ansiedad es irracional y tiene información ajustada sobre la situación a la que va a exponerse. Por ejemplo, la DS sería adecuada en el caso de una joven con fobia a los perros que sabe que la probabilidad de ser atacada por un perro es muy baja si cumple unas normas de seguridad, y que los perros pequeños es prácticamente imposible que puedan herirla de gravedad. 

Procedimiento de aplicación:  requiere de unos pasos iniciales preparatorios antes de comenzar con las sesiones de desensibilización propiamente dichas. Estos pasos son: 

1. Elección de la respuesta incompatible con la ansiedad y posible entrenamiento. 

2. Elaboración de una jerarquía de ansiedad. 

3. Valoración de la capacidad imaginativa y entrenamiento en imaginación si se requiere. 

Estas tres actividades pueden llevarse a cabo en paralelo durante las primeras sesiones en la consulta y deben estar dirigidas por el terapeuta. Es obvio que si el sujeto tiene un buen entrenamiento previo en relajación y su capacidad imaginativa es excelente el trabajo previo a las sesiones de desensibilización será únicamente la elaboración del a jerarquía de ansiedad.

La desensibilización sistemática fue desarrollada inicialmente como un procedimiento de exposición en imaginación y de aplicación individual, no obstante, desarrollos posteriores, algunos del propio Wolpe (e.g. la DS automatizada), han dado lugar a variantes de la técnica que permiten la adaptación a nuevas necesidades y contextos, entre estos está, la desensibilización sistemática en vivo, la desensibilización sistemática en grupo, la desensibilización sistemática enriquecida y la desensibilización sistemática automatizada y auto-aplicada.



 Técnicas de relajación

Independientemente del tipo de entrenamiento en relajación que se elija hay una serie de condiciones que son requeridas o aconsejadas para cualquier procedimiento, tales como una ropa y lugar adecuado, instrucciones claras y precisas por parte del terapeuta, un tono de voz suave y tranquilo, garantía de que el paciente no presenta ningún problema importante que desaconseje el entrenamiento, o motivación y comprensión por parte del paciente de la utilidad y adecuación de la técnica a su problema.



Procedimiento de la relajación progresiva: En general, el objetivo del entrenamiento en RP es reducir los niveles de activación mediante una disminución progresiva de la tensión muscular. 

El procedimiento para conseguirlo consiste en tensar y destensar los diferentes grupos musculares tomando conciencia de las sensaciones que se producen en cada situación. Durante la fase de tensión, la contracción del músculo debe notarse, facilitando así la percepción de las sensaciones asociadas a la tensión, a su vez la percepción de la tensión lleva a discriminar mejor la respuesta de relajación subsiguiente, y a abundar en ella. En la fase de distensión no se debe de realizar ningún esfuerzo activo y simplemente consiste en permanecer pasivo experimentando el alargamiento muscular que se produce al soltar rápidamente toda la tensión. 

Los grupos musculares con los que se trabaja en la fase inicial del entrenamiento son los siguientes: 

1. Mano y antebrazo dominantes 

2. Brazo dominante 

3. Mano y antebrazo no dominantes 

4. Brazo no dominante 

5. Frente 

6. Ojos y nariz 

7. Boca 

8. Cuello y garganta 

9. Pecho, hombros y parte superior de la espalda 

10. Región abdominal o estomacal 

11. Muslo dominante 

12. Pantorrilla dominante 

13. Pie dominante 

14. Muslo no dominante 

15. Pantorrilla no dominante 

16. Pie no dominante 

La ejecución consiste en tensar y destensar los diferentes grupos musculares tomando conciencia de las sensaciones que se producen en cada situación.

El procedimiento con cuatro grupos musculares consiste en el mismo que el anterior, pero tensando secuencialmente (en un solo movimiento) las siguientes zonas musculares: 1. Los brazos y manos dominantes y no dominantes. 2. Tronco. 3. Cara y cuello. 4. Piernas y pies dominantes y no dominantes.

Procedimiento de la relajación autógena: La práctica del entrenamiento en relajación autógena consta de varios ejercicios de concentración pasiva en las sensaciones de: 

• Peso en brazos y piernas 

• Calor en brazos y piernas 

• Movimiento del corazón 

• Autonomía del proceso respiratorio

• Calor abdominal interno (plexo solar) 

• Diferencia de temperatura entre la frente y el aire circundante. 

Los ejercicios consisten en centrar la mente en fórmulas cortas y repetitivas y, al mismo tiempo, intentar imaginar de forma intensa lo que sugieren. Es importante cui- dar la forma de acabar los ejercicios. La terminación estándar para regresar al estado habitual se realiza en tres etapas:

 1) inspiración profunda 

2) fuerte flexión 

3) estiramiento de brazos y piernas y abrir los ojos.

 Se trata de un procedimiento muy estructurado que gira en torno a dos grados o ciclos: un grado inferior o ejercicios propiamente de relajación y un grado superior o ejercicios de imaginación.



Técnicas de respiración 

Procedimiento del entrenamiento en respiración: El objetivo del entrenamiento en respiración es conseguir un patrón respiratorio apropiado fisiológicamente que generalmente será adecuado para reducir las diferentes alteraciones respiratorias. No obstante, el tipo de ejercicios variará en función del objetivo de cada intervención. La inspiración correcta fisiológicamente es vía nasal (calienta y humedece el aire, filtra y elimina impurezas y gérmenes), de manera que es la que debemos utilizar en todos los ejercicios de respiración (Chóliz, 1998). 



Respiración profunda: Se trata de un ejercicio útil para la reducción del nivel de activación general. Las indicaciones son las siguientes: 

• Sentarse cómodamente, colocar la mano izquierda sobre el abdomen y la derecha sobre la izquierda. 

• Imaginar una bolsa vacía dentro del abdomen, debajo de donde se apoyan las manos. 

• Comenzar a respirar y notar cómo se va llenando de aire la bolsa y cómo la onda asciende hasta los hombros. Inspirar durante 3­5 segundos. 

• Mantener la respiración. Repetirse interiormente “mi cuerpo está relajado”. 

• Exhalar el aire despacio, al mismo tiempo que uno mismo se da indicaciones o sugestiones de relajación.

El entrenamiento mediante este ejercicio consiste, en general, en realizar 4 o 5 ejercicios de respiración seguidos y repetir los ejercicios entre diez y quince veces al día, por la mañana, tarde, noche, y especialmente en situaciones estresantes.

 Respiración contada: consiste en entrenar una respiración diafragmática, dirigiendo el aire a la parte inferior de las costillas y, a medida que se inspira, dar la indicación de pensar en una palabra (e.g. calma) y en otra al espirar (e.g. relax). Se recomienda hacerlo diez veces seguidas y repetir el ejercicio unas veinte veces.

 Respiración abdominal: Se trata de entrenar la respiración moviendo únicamente el abdomen intentando que permanezca inmóvil la musculatura torácica y clavicular. 



Respiración intercostal o media: En este caso el objetivo es dirigir el aire hacia la zona media del tórax, hacia los costados, para favorecer la movilidad de la musculatura intercostal y del tórax. 

Respiración alternada: La práctica concreta de este ejercicio respiratorio se resume en los siguientes enunciados:

• Utilizar una posición cómoda y relajada. 

• Colocar el dedo pulgar en la ventana nasal derecha y los dedos anular y medio en la izquierda. 

• Ocluir la ventana derecha con el pulgar e inspirar con la izquierda lenta y tranqui­ lamente. 

• Separar el pulgar y ocluir con los otros dedos la ventana izquierda.

 • Espirar por la ventana derecha. 

• Mantener el aliento un instante e inspirar por la derecha, manteniendo cerrada la izquierda. Cuando se desee espirar debe hacerse por la izquierda.

Díaz García, M. I. Ruiz Fernández, M. D. L. Á. y Villalobos Crespo, A. (2017). Manual de técnicas y terapias cognitivo conductuales. Bilbao, Editorial Desclée de Brouwer. https://elibro.net/es/ereader/uniminuto/127910.




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