Terapias y Técnicas de exposición

 Terapias y Técnicas de exposición

las técnicas de exposición se consideran el tratamiento de elección para la mayor parte de las formas de ansiedad patológica, pues su eficacia y efectividad está bien documentada (Foa y KaczKurkin, 2015).

La habituación: es un proceso utilizado en la terapia cognitivo-conductual para reducir la ansiedad. Implica familiarizarse con el estímulo fóbico y disminuir la reactividad autonómica y la respuesta subjetiva de ansiedad. Sin embargo, algunos individuos no experimentan esta reducción a pesar de la exposición prolongada. Además, la reaparición del estímulo temido puede llevar a recaídas, aunque en menor medida. La reinstalación de la habituación no siempre ocurre rápidamente, y en algunos casos persiste el miedo a pesar de la exposición repetida. Los efectos subjetivos pueden ser contradictorios, ya que algunos individuos pueden mantener o incrementar su respuesta subjetiva de ansiedad sin cambios en las respuestas psicofisiológicas (Barlow, 1988).



La extinción: es un mecanismo de aprendizaje que explica la reducción del miedo experimentado durante la exposición. Consiste en debilitar una respuesta al eliminar los refuerzos o señales que la mantienen. Los estudios indican que la extinción del aprendizaje es el proceso subyacente en la reducción del miedo en trastornos de ansiedad. Tanto a nivel cognitivo (el objeto temido deja de asociarse con consecuencias amenazantes) como emocional (el objeto temido no activa más el circuito del miedo en el cerebro), se producen cambios psicológicos y biológicos durante la extinción (Hamm, 2009).


Tipos de exposición:

Las técnicas de exposición en la Terapia Cognitivo Conductual se basan en exponer al individuo al estímulo temido, pero difieren en varios aspectos: la forma de presentación (real o simbólica), la intensidad (inundación o exposición gradual), la duración, la frecuencia y el apoyo durante la exposición. En este apartado se describen las formas de exposición más comunes y los factores que influyen en su efectividad.

·         La exposición en vivo: se ha demostrado como el procedimiento más eficaz y breve para tratar algunos trastornos de ansiedad, especialmente las fobias específicas. A diferencia de la exposición en imaginación o la desensibilización sistemática, no requiere técnicas de relajación, entrenamiento en imaginación o elaboración de jerarquías de estímulos. La investigación ha mostrado resultados sólidos en diversas temáticas de fobias y edades de los participantes, incluso con mejorías significativas en una sola sesión de exposición de 2 a 3 horas en algunas fobias. 

·         La exposición simbólica: se refiere a la exposición a estímulos temidos a través de representaciones mentales, visuales, auditivas o mediante realidad virtual. La exposición en imaginación implica visualizar el estímulo temido con el objetivo de habituarse y extinguir la respuesta fóbica. A diferencia de la desensibilización sistemática, no se utiliza un método para suprimir la respuesta fisiológica durante la exposición en imaginación.

La terapia de exposición a través de realidad virtual: utiliza entornos virtuales para simular situaciones temidas y realizar la exposición. Ofrece ventajas en situaciones de difícil acceso o cuando hay resistencia a la exposición en vivo, proporcionando mayor control y un entorno más realista que la exposición en imaginación. Aunque es prometedora en el tratamiento de la ansiedad social, su eficacia en otros trastornos de ansiedad como la agorafobia es cuestionable. Se requieren más estudios para confirmar su efectividad y generalización a situaciones reales. La realidad virtual puede ser una opción útil en fobias específicas, como el miedo a volar, pero su utilidad en otros trastornos es aún incierta.



·         La exposición en grupo: consiste en realizar sesiones de exposición de forma individual dentro de un contexto grupal. Esto permite ahorrar tiempo al trabajar con pacientes con problemas similares que pueden beneficiarse de la experiencia y retroalimentación de los demás. Además, las intervenciones en grupo tienen efectos motivacionales. Sin embargo, es importante evaluar si el contexto grupal puede resultar amenazante para ciertos pacientes, como aquellos con fobia social, y determinar si están preparados para este tipo de intervención para evitar dificultades en su progreso individual y el abandono del tratamiento.


Procedimiento de aplicación

La aplicación de técnicas de exposición en la terapia puede ser compleja debido a diversas variables interconectadas y factores moderadores. Es importante proporcionar al individuo una comprensión sólida del tratamiento y fomentar una relación terapéutica basada en la confianza. A corto plazo, es probable que el individuo experimente un aumento en las respuestas de miedo y ansiedad, pero solo a través del mantenimiento del contacto con el estímulo temido se logrará una disminución del malestar. La alianza terapéutica se establece durante la fase inicial de la terapia, donde el terapeuta recopila datos, educa al paciente sobre el problema y explica la lógica del tratamiento. El diseño de un tratamiento de exposición efectivo depende de una evaluación minuciosa del miedo específico del paciente.

Específicamente el terapeuta debe identificar:

1) el estímulo temido (¿Cuál es el objeto preciso o foco del miedo del paciente?).

2) consecuencias temidas (¿Qué teme el paciente que ocurrirá si se confronta con el estímulo temido?).

3) conductas de escape o evitación del estímulo temido y conductas de seguridad (¿Qué hace o trata de hacer el paciente para prevenir la ocurrencia de las consecuencias temidas?

4) desencadenantes de la ansiedad (contextos, pistas o señales, situaciones o personas que el paciente asocia con el estímulo temido y que desencadenan la respuesta de ansiedad y las conductas de evitación, escape o seguridad).

En función del problema o trastorno clínico que presente el paciente los objetivos de afrontamiento que se plantean en una terapia de exposición difieren sustancialmente, entre ellos podemos destacar algunos de los más frecuentes:

• El estímulo temido en las fobias específicas.

• Los pensamientos y/o imágenes obsesivas en el trastorno obsesivo compulsivo.

• Las preocupaciones y rumiaciones en el trastorno de ansiedad generalizada.

• Los errores sociales y las miradas de los demás en la ansiedad social.

• Ser el centro de atención en una fobia a hablar en público

• La imperfección en uno mismo o en otros en el caso de personas muy perfeccionistas.

• La ambigüedad y la incertidumbre en personas con una gran necesidad de control.

• Los síntomas fisiológicos de activación autonómica en el trastorno de pánico.

• La sensación de descontrol y de pérdida de conciencia debida al incremento de la activación en el trastorno de pánico.

• Conducir un coche en el trastorno por agorafobia.

• La sensación de ahogo en el trastorno de pánico y en la claustrofobia.

• Estar en un transporte público (o en cualquier situación o espacio) de difícil acceso y salida el trastorno de pánico y en la agorafobia.

• Los recuerdos traumáticos en el trastorno de estrés postraumático.

Referencia.

Díaz García, M. I. Ruiz Fernández, M. D. L. Á. y Villalobos Crespo, A. (2017). Manual de técnicas y terapias cognitivo conductuales. Bilbao, Editorial Desclée de Brouwer. https://elibro.net/es/ereader/uniminuto/127910.


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